Mucho ojo a la transición demográfica del país

Por Germán Lohr

México y Sonora transitan aceleradamente de una población joven a una de adulto y adultos mayores, como dice la publicidad de una vieja estación de radio en Hermosillo; fenómeno que llegó para quedarse un buen rato entre nosotros.

Esto se debe a una combinación de factores que tienen que ver con el incremento de la esperanza de vida, así como al descenso de dos tasas, la fecundidad y la mortalidad ambas vienen acompañadas cada vez más de la migración.

De aquí a 2050 se vislumbran varios retos cuyas implicaciones tienen que ver con esta transición demográfica y su relación directa con los recursos naturales cada vez más escasos y amenazados.

Nuestro país ocupa el lugar 11 de los países más poblados del mundo con una flora y fauna de las más diversas y con 28 de los 32 tipos de suelo existentes en el planeta.

De 25 millones de habitantes que éramos entrados los 50, crecimos cinco veces; de tal manera que para 2020 cerramos con 126 millones de habitantes y se estiman 159 millones para 2050, según cifras del Consejo Nacional de Población.

Dicha transición demográfica debe ser contemplada -no me cabe duda- como política pública dentro de las prioridades del plan sexenal del presente gobierno estatal, los municipales y sus cabeceras para los siguientes años.

Según la ONU, el metabolismo urbano de las ciudades ya es el causante o responsable de 66% de la energía consumida y del agua en 60%; no se diga de 70% de los gases de efecto invernadero.

Sonora no escapa a esta realidad mundial ya que entre las principales causas de la degradación de los suelos y la deforestación están las actividades agrícolas y mineras, el sobrepastoreo y la sobreexplotación de mantos freáticos.

Por otra parte, no olvidemos que el fenómeno del envejecimiento poblacional es una tendencia mundial irreversible y el cambio en la estructura demográfica por edades puede convertirse en un problema social si no se combate la pobreza y el aislamiento social del adulto mayor.

Lo mismo sucederá con la población joven y el bono demográfico que debe fortalecerse con más educación formal y mayores oportunidades laborales justamente entre el 2010 y el 2030.

De lo contrario podría convertirse en una amenaza para el futuro cuando dichos jóvenes se incorporen constantemente a la población de los adultos mayores.

Con un nivel de urbanización en ascenso, como actualmente sucede, se va a requerir encaminar los planes y sus acciones correspondientes a garantizar que al menos 10 de nuestras ciudades con población superior a 250 mil habitantes sean sostenibles, incluyentes, inteligentes y amigables.

Para lograrlo necesitamos proteger en serio nuestra biodiversidad y hay que intensificar la recuperación de zonas degradadas mejorando la reforestación, los suelos y las fuentes de abastecimiento de agua no se diga su contaminación.

Muchos retos por delante de aquí al 2050, ojalá más pronto que después pongamos manos a la obra sin descuidar esta relación directa de la que hemos platicado entre población y recursos naturales la que debemos evidenciarla a diario si es posible.

He dixi.

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